Uno de los trabajos que más satisfacciones me ha dado este año ha sido el de diseñar la carta del restaurante Los Lunares en el nº 3 de la calle Cádiz de Conil.

Para ilustrarlo decidí volver a la mancha improvisada de la acuarela y robar versos de distintos poemas donde la comida hilaba la métrica.

Disfruté. Y mucho. Este año no hemos ido a Cádiz: espero hacerlo en año que viene y repetir una buenísima cena en Los Lunares. Esta vez, con una carta en la que dejé algo de mí.

 

 

 

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