El brote verde

25/02/2012

En una reciente entrevista, la periodista Susana Griso opina que el gobierno hace “un diagnóstico certero y realista” de la actual situación, pero se queja de que “no nos da un ápice de esperanza”. Afirma que es cierto que las cosas están muy mal, pero que necesitamos alguna buena noticia: “Cuando hablo con empresarios, y a algunos les va bien a pesar de la crisis, te dicen que dan por perdido este año 2012. Directamente se ponen en 2013 para vislumbrar algún brote verde“.

Parecida necesidad parecen detectar el sociólogo y filósofo francés, Edgar Morin, y el ex diplomático, Stéphane Hessel, dos “viejos sabios” que en otra entrevista conjunta, publicada no hace mucho en un suplemento dominical, reflexionan sobre la crisis actual y sobre lo que pueden y lo que deben hacer los ciudadanos y los gobiernos.

Ambos coinciden en que hay muchas cosas que van mejor y en que hay ejemplos alentadores. Para Hessel por ejemplo, es muy importante no quedarse sólo en la catástrofe posible, “sino ver también el inicio de una mejora real sobre la que se puede fundar una nueva esperanza”. Morin por su parte, se define como un optipesimista porque piensa que lo más probable es que los acontecimientos nos conduzcan a la catástrofe, pero también que en la historia siempre ha existido lo improbable y que se han producido acontecimientos felices: “Y a eso apuesto. Por eso hablo de esperanza. La esperanza no quiere decir que todo vaya a ir bien, si no que es posible”.

Y en este discurso  hablan de la necesidad de actuar, de ser ambiciosos en este sentido, de tener voluntad de crear, de resistir, de adaptarse… De contribuir a encontrar “la buena vía”. El brote verde.

Yo también quiero el brote verde.

Mercedes Corretgé

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Descubrir el valor

13/02/2012

Ha circulado como la pólvora por las redes sociales. Muchas personas lo han leído y lo han reenviado a su gente. El artículo que Ángeles Caso publicaba en el periódico La Vanguardia era sincero, sencillo, humano, cotidiano, real… Hablaba de la vida, de lo que es importante. Y tenía valor entre otras cosas, porque conectaba con nuestra emoción.

Un efecto viral probablemente ni imaginado ni esperado por su autora y por el que “matarían” muchos gurús del marketing del siglo XXI.

La Red nos han abierto la puerta a un paisaje lleno de posibilidades en el que ya no sólo somos espectadores sino también, y sobre todo, autores.

Se ha levantado el telón para nosotros, pero si no generamos contenidos de calidad podemos ser los actores de una mala función. Y, en el mejor de los casos, el público acabará marchandose.

Tenemos que aportar valor, nuestro valor. Pero para eso primero debemos descubrirlo.

Para quien no haya tenido todavía el placer, el enlance con el artículo de A. Caso.

http://www.lavanguardia.com/magazine/20120119/54245109494/lo-que-quiero-ahora-angeles-caso.html

Mercedes Corretgé

Las personas no podemos no comunicar. Y menos ahora que la tecnología nos brinda la posibilidad de multiplicar el alcance de nuestros mensajes.  Precisamente por esto, tenemos que afinar, ser precisos, honestos y realistas con lo que contamos.

En la tarea de ir haciendonos un hueco en la mente de posibles empleadores, colaboradores, clientes… es mejor llamar a las cosas por su nombre. ¿Por qué decir que se es ‘Senior Technician in Information System’ si lo que se pretende es trabajar llevando la informática de los pequeños negocios de una localidad de no más de 10.000 habitantes?

La imaginación y la creatividad a la hora de trasladar el mensaje de posicionamiento profesional que queremos tiene que orientarse a hacerlo atractivo, no a distorsionarlo. ¿Por qué no decir ´Proveedor de soluciones informáticas para el desarrollo de la pequeña empresa’, para diferenciarse, por ejemplo, del resto de técnicos informáticos?

En vez “entrada” o “post”, a estas líneas puedo denominarlas “reflexión sobre la elaboración del mensaje profesional” ; o algo así como “expert summary of dissertation for the virtual environment”, que da más miedo que risa.

Es verdad: no podemos no comunicar. Pero podemos hacerlo bien o mal. La clave está en el sentido común, como casi todo en la vida.

Mercedes Corretgé